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Noticias Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

    El martes 9 de septiembre, el Colegio Santa Cruz de Santiago celebró la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, una conmemoración que nos invita a contemplar el misterio de la cruz como signo de amor, entrega y redención.

    En la eucaristía en la que participaron estudiantes, docentes, apoderados y hermanas de la congregación, se recordó el significado de esta fiesta, que tiene sus raíces en el hallazgo de la cruz de Cristo por Santa Elena en el siglo IV y en la dedicación de la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén.

    Extendemos una cordial invitación a toda la comunidad del colegio a continuar con esta celebración el próximo domingo 14 de septiembre en sus comunidades, día en que la Iglesia universal conmemora esta fiesta litúrgica. Será una oportunidad para renovar nuestra fe y unirnos como comunidad en torno al misterio de la cruz.

    Compartimos con ustedes la homilía de nuestro capellán, Padre Elías Hidalgo, realizada el 9 de septiembre en nuestra celebración:

    Homilía para la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

    Queridos alumnos, apoderados, profesores y miembros de nuestra comunidad educativa:

    Hoy celebramos la Santa Cruz, el signo más grande del amor de Dios. En la cruz, Jesús nos mostró hasta dónde está dispuesto a llegar por nosotros: entregar su vida para que tengamos vida en abundancia. No se trata solo de un símbolo que llevamos en el cuello o colgamos en nuestras salas; la cruz es una realidad viva, es el lugar donde se unen el amor, el dolor y la esperanza.

    1. La Cruz como don
    La primera enseñanza de la cruz es que ella es puro regalo. Allí Jesús cargó con nuestras debilidades, nuestros pecados, nuestras heridas, y nos abrió el camino de la vida eterna. La cruz no es derrota, es victoria. No es fracaso, es triunfo del amor sobre el egoísmo.
    Cada vez que miramos la cruz, recordamos: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único” (Jn 3,16).

    Para nuestro colegio, que lleva este nombre, es una gran bendición: la cruz es nuestra identidad y nuestra herencia. Estamos invitados a que todo lo que hacemos —estudiar, enseñar, acompañar, compartir la vida— tenga el sello del amor que brota del madero santo.

    2. La Cruz como desafío
    Pero la cruz no solo es un regalo; también es un camino y un desafío.
    – Para ustedes, jóvenes alumnos, la cruz significa aprender a no quedarse en lo fácil, a no tener miedo de los sacrificios, de estudiar con esfuerzo, de ser solidarios con sus compañeros. Seguir a Cristo crucificado es elegir siempre el bien, aunque cueste.
    – Para ustedes, profesores y educadores, la cruz significa enseñar no solo con la mente, sino también con el corazón. A veces supone paciencia, entrega silenciosa, cargar con las dificultades de los alumnos. Pero en esa entrega se refleja el mismo amor de Cristo Maestro.
    – Para ustedes, apoderados y familias, la cruz es el desafío de acompañar a sus hijos con amor y constancia, incluso en los momentos difíciles. Educar no es fácil, pero la cruz nos recuerda que el amor verdadero es perseverante, nunca se rinde.
    – Y para todos, como comunidad educativa, la cruz nos invita a caminar juntos, a no dividirnos, a aprender a perdonarnos, a apoyarnos como hermanos. La cruz es puente, no muro.

    3. Una comunidad a la sombra de la Cruz
    Querida comunidad Santa Cruz:
    Tener la cruz como nombre y signo no es algo pequeño. Es una responsabilidad y una misión. Significa que este colegio está llamado a ser un lugar donde reine el respeto, la solidaridad y la fe. Donde no se teman los sacrificios, porque sabemos que de la cruz siempre brota vida nueva.

    Que hoy, al contemplar la cruz, podamos decir con fe: “Señor, gracias por este regalo de amor”. Y que también podamos comprometernos: “Señor, ayúdanos a cargar cada día nuestras cruces con alegría, como estudiantes, como padres, como educadores, como comunidad”.

    Pidamos que la Cruz de Cristo ilumine cada sala de clases, cada recreo, cada hogar, cada corazón. Porque en ella está nuestra fuerza, nuestra esperanza y nuestro futuro.

    Amén.